Falla con Éxito

Contenido del curso

Aprendizaje total: 30 lecciones / 5 exámenes Duración: 10 semanas

Pensamiento

Pensamiento

Inmediatamente después de esa interpretación del acontecimiento, se construye un pensamiento.

El pensamiento es energía, información, diálogo interno. Es la manera que tiene nuestra mente de formar ideas y representaciones de lo que sucede.
Existen dos tipos de pensamiento:

  1. Evolutivo – positivo: Aquel que, ante una situación determinada, nos permitirá dar una respuesta orientada a buscar soluciones. Con este tipo de pensamientos nos autoconvencemos de que, independientemente de la situación, conseguiremos resolverla sin salir perjudicados. Es un pensamiento que nos permite evolucionar, por ello nos afloran sentimientos de bienestar (nos sentimos fuertes, con energía, felices,…).
  2.  Antievolutivo – negativo: Con este tipo de pensamientos, la mente se bloquea y no es capaz de buscar soluciones a las situaciones que van surgiendo. Por eso se generan en nosotros sentimientos de malestar (ansiedad, miedo,…).

Vivir el presente, paladeando el instante.

Cuando nos vemos inmersos en la rutina del día a día, es muy fácil que mientras estamos realizando acciones cotidianas, nuestra mente esté viviendo en el pasado recordando situaciones ya acontecidas o en el futuro, preocupándose por lo que pasará. Muchas veces, cuando uno llega a su lugar de trabajo por la mañana, después de haber conducido un buen rato, no se acuerda de cómo llegó hasta allí. Eso es debido a que puso el piloto automático y, mientras conducía, su mente estaba en otra parte, no en el momento presente, por lo tanto, no tiene consciencia de haber decidido por dónde ir.

Este tipo de pensamientos se pueden convertir en recurrentes, en pensamientos obsesivos que aparecen una y otra vez en tu cabeza, generando un gran sufrimiento, puesto que tu mente está continuamente reviviendo situaciones que causaron estrés en su momento o angustiándose por hechos que, según tú, podrían ocurrir pero que no han tenido lugar todavía (y que, muy probablemente no lleguen a suceder como tú te los estás imaginando). Está demostrado que la aparición continua de estas emociones negativas provocan envejecimiento prematuro, hacen que bajen nuestras defensas y que nos desgastemos.

Este tipo de pensamientos acuden a ti cuando no eres consciente de que es la mente quien te gobierna, en vez de ser tú el que diriges tu barco… para evitarlo, debes obtener las herramientas adecuadas.

Lo único que sabemos del futuro es que será distinto.

Cuando nuestra mente está pensando en el futuro es posible que lleguemos a angustiarnos por cosas que pudieran llegar a suceder. Es muy probable que lo que imaginamos no llegue a suceder nunca tal y como lo habíamos pensado. El futuro es incierto y estos pensamientos se basan en algo que aún no ha ocurrido, que no existe todavía, por lo que lo único que hacemos es sufrir innecesariamente por situaciones que no llegan a ocurrir con el drama que imaginamos, perdiendo así grandes cantidades de energía y tiempo y este último, no es recuperable..

Todo pasado te regala una enseñanza.

Lo primero que hay que entender es que lo que ocurrió en el pasado NO SE PUEDE CAMBIAR. Una situación acontecida, por más que desees que hubiese sido de otra manera, no se puede modificar. Lo único que haces trayéndola al presente y reviviéndola es generar de nuevo el sufrimiento que te causó en aquel momento, impidiendo cerrar la herida y dificultando el que sigas avanzando en tu camino. Entonces, te paralizas, te vuelves un esclavo de esas situaciones pasadas.

Lo segundo es que EL PASADO NO DETERMINA TU FUTURO. El hecho de que algo te haya salido mal en el pasado no significa que se vaya a volver a repetir en el futuro de la misma manera, siempre y cuando extraigas de esa adversidad el aprendizaje que te permita incorporar aquello que te sirve para seguir avanzando.

De hecho, las personas de éxito (entendiendo por éxito nunca dejar de crecer desde dentro), ven las adversidades como desafíos. De cada adversidad que va surgiendo en su vida, extraen un aprendizaje que les ayuda a seguir creciendo, a continuar el sendero trazado y a conseguir aquello que quieren en la vida.

Por tanto, cuando una situación pasada que te causó dolor en su momento, se instale en tu cabeza, debes estar alerta, y lo primero que debes hacer es tomar consciencia de que está acomodándose en tu mente. A continuación, lo mejor es que la dejes ir cuanto antes, ya que, como hemos dicho, revivirla sólo te va a generar de nuevo sufrimiento, no permitiendo sanar la herida y evitando que fluyas en el momento presente. Lo único con lo que hay que quedarse es con la enseñanza de dicha situación, para incorporarla a nuestro repertorio y seguir nuestro camino.

Muchas veces, la incomodidad que nos genera volver a vivir mentalmente un hecho ya ocurrido, tiene que ver con que nuestro ego ha sido lastimado. Cuanto más caso le hagas a tu ego, más sufrimiento te generarás. En el momento en que recuerdas un contexto pasado, pensando “¿Por qué no le habré dicho…?”, “¡Mira qué cosas me dice!”, “¡Pero que se cree!”…, el que está hablando es tu ego, no tú. Al final, lo único importante para ti debe ser lo que tú opines de ti y que te conozcas interiormente lo suficiente para que sepas que no has de demostrar nada a nadie. Es mucho más saludable y vitalista estar en paz que llevar razón.

Los pasos que debes seguir para librarte de la carga emocional dañina de hechos pasados son los siguientes:

  • Identifica el pensamiento recurrente, sé consciente de él.
  • Convéncete de que es un acontecimiento que ya ocurrió y, por tanto, que no se puede cambiar. Repítete que no vas a consentir que altere tus emociones de forma negativa. Si es tu ego el que ha actuado, no permitas que este te desajuste emocionalmente.
  • Extrae el aprendizaje de esa vivencia.
  • Recuerda que tu pasado no determina tu futuro. Quédate con la lección y deja que se diluya la situación cuanto antes.

Cuando alcanzas un nivel de consciencia considerable (empiezas a observar lo que piensas y reconduces dichos pensamientos para tu bienestar) te das cuenta de que, cuanto más te centras en vivir el instante presente, evitando lastimarte con recuerdos dañinos, más energía, vitalidad y creatividad tienes… y hasta parece que todo lo que antes eran complicaciones, ahora (¡qué casualidad!) se vuelven facilidades… Para llegar a este punto, debemos hacernos cada vez más conscientes del presente, identificar cuándo estamos divagando e inmediatamente centrarnos en lo que estamos haciendo en ese momento. Es lo que se llama tener atención plena. Cuando consigues este estado de concentración en la acción que estás ejecutando en “el ahora”, los beneficios se multiplican, ya que si pones toda tu atención en ese acto, en ese momento, es más fácil que te salga bien a la primera, el gasto de tiempo y de energía va a ser menor y consigues un óptimo resultado.

Traer al presente situaciones ya acontecidas, sólo debe hacerse de manera puntual, para recordar el aprendizaje extraído de una vivencia anterior que te va a servir para aplicar en el momento presente y seguir avanzando en tu camino… pero, cuando hayas avanzado en tu consciencia de presente, ya podrás mirar “hacia atrás” y rescatar cualquier vivencia sin la carga de sufrimiento que, ahora, quizá aun lleva impregnada.

Tenemos que aprender a disfrutar del día a día. Muchas veces supeditamos nuestra felicidad a un hecho que pensamos que va a ocurrir más adelante, y dejamos de disfrutar del camino. Pensamos que sólo seremos felices el día que consigamos eso que deseamos (seré feliz el día que apruebe el examen, el día que tenga pareja, el día que tenga un hijo,…). Sin embargo, no nos damos cuenta de que la vida es eso que pasa mientras esperamos a que llegue el día en que ese hecho se produzca. Además, si al final no conseguimos que acontezca esa situación determinada, la frustración será grande. Por ello es importante que aprendamos a disfrutar del ahora, del camino, que aprendamos a ser felices con lo que tenemos cada día, en vez de aplazar esa felicidad. Al fin y al cabo, la vida es muy corta y hay que aprovecharla al máximo.

Vivir en “el ahora”, nos permite disfrutar de cada cosa que hacemos, percibiendo todo lo que está pasando a nuestro alrededor en ese preciso momento, captando cada detalle, la magia de cada instante. Saborear cada momento nos permite vivir una vida plena e intensa; en definitiva, nos ayuda a ser más felices.

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